martes, 25 de marzo de 2008

elijo no

Elijo no.
Porque no sé cuál sí... ni siquiera si tengo uno a la mano.
Elijo también el silencio, ése que añoro desde hace ya casi 3 años, cuando mis oídos decidieron no separarse de un eterno tiiiiii.

Elijo también clavar la mirada en el horizonte, lo que crea la sensación de distorsiones a mi alrededor.

Elijo no elegir, y como eso no es posible, vuelvo al silencio, a la mirada en el horizonte. Y me vuelco hacia adentro, a ver si me ubico entre los caminos imaginados... algunos propios y algunos robados.

jueves, 6 de marzo de 2008

Salvaje!

Oh sí... en la jungla también hay bodas, y las fotos de recuerdo salen así.

con cariño para aq

domingo, 24 de febrero de 2008

52

Creía yo que me creía mucho con mis dos ruedas. Siempre no. Ya no me creo, ya me voy a poner el casco, le devolveré el respeto a los camiones y los ejes viales, y sobre todo, a las pequeñas coladeras (e insisto en el pequeñas) que a la menor distracción pufff!! nos mandan a volar y azotar en el pavimento.
Me caí muy cerca de mi casa, cerquititas, en un camino que he recorrido ya varias veces. Moraleja: donde menos lo imagines, ahí te puedes caer!!
Ahora tengo dolor de codo (fiuuuu, menos mal que el raspón no fue en la cara, por si algún día me convierto en artista).


Lo bueno de esto es que ya sé qué soy: un 52. O al menos así dijo el policía que corrió hacia mí no cuando me vio caer (ajum, barrer el pavimento con todo mi ser), sino cuando escuchó el golpazo ('tenemos un 52 pero ya está bien, cambio').
Este 52 se recupera del raspón y cada mañana ríe al descubrir un nuevo moretón.
A final de cuentas, está divertido ser un 52.

sábado, 16 de febrero de 2008

costco de sábado por la noche

Ahora me creo mucho en dos ruedas, tanto que hoy crucé periférico por san antonio. eran las 7.30 de la noche... me la jugué, pero llevaba las luces que puse para que la gente me vea. entré al estacionamiento de costco como si fuera auto y descubrí que ahí no hay espacio para bicis, sólo para motos. tal vez pronto se les ocurra.
Entré a la tienda, tiendota, tiendototota donde todo se compra en grandes cantidades. y así, en grandes cantidades vi a la gente. ahí estaban las multitudes. ahora comprendo porqué el tráfico baja un poco los sábados al caer la noche. la masa se concentra en el gran bodegón ese... o en los otros que están por la ciudad... a ver la tele, ver ropa, comer garnachitas de pasillo, sentarse en las sillas de jardín... a pasear a los hijos inquietos, cansarlos para llegar a casa y que caigan rendidos, a que la abuelita camine un poco y decida la cantidad adecuada de botes de jabón líquido para lavar la ropa de la familia.
yo sólo fui por una mochila, sabía dónde estaba, tardé 5 minutos en elegir el color.... y 40 más en salir del lugar. oh, largas filas! oh, multitudes que tienen tanto que comprar! oh, que hasta hoy descubrí esta forma de entretenimiento en costco de sábado por la noche!

martes, 4 de diciembre de 2007

zócalo on ice



Todavía no se abría al público, pero el público no podía dejar de verla. Todavía no se encendían las luces que traen a cuestas la esencia navideña, pero el público no dejaba de verla. Ni siquiera habían puesto la alfombra roja por donde caminó Ebrard con todo y pareja para inaugurar el evento, pero el público no dejaba de verla. No habían salido los patinadores-mira cómo puedes llegar a patinar si practicas mucho-, ni los juegos artificiales, ni nada de eso. Los ángeles de hielo que custodiaban una de las entradas ya se estaban derritiendo. Y el público no podía dejar de verla. Yo me cansé de estar ahí, viéndola, blanca, fría, calculada, cuando me di cuenta de que llevaba 2 horas esperando, cuando un señor impaciente y grosero me empujó porque creyó que quería quitarlo de su lugar privilegiado para seguir viéndola. Mejor me di la vuelta, le dejé su lugar de visión lejana, panorámica... y sólo me quedé con esta imagen.

domingo, 2 de diciembre de 2007

herida de guerra

sobreviví... no sé si gané la guerra, ni siquiera creo que ésta haya terminado. Tal vez se trató sólo de la primera batalla que me dejó una herida... Una herida pequeña, discreta, casi imperceptible, a pesar de estar en el rostro. Habría que observar mucho y detenidamente para verla. Una herida de la que me enorgullezco. Sé que no dejará cicatriz, se volverá invisible, al menos en lo superficial. Pero estoy segura de que marcó más allá de lo que los ojos pueden ver. Un pinchazo en el corazón, esas son las palabras con las que la puedo describir. Creo que hasta allá llegó -o hasta acá si hablo conmigo y para mis adentros. Pero eso sólo lo sabré con el tiempo. Por lo pronto, una imagen donde la herida no se ve, aunque ahí está, sólo el contrincante que me tomó por sorpresa la podrá encontrar... una herida que me hace sonreir.

domingo, 25 de noviembre de 2007

cinco minutos


My favourite thing about you
Please don't get me wrong
How natural it feels
Five minutes without talking
(All ears, The whitest boy alive)

Cinco minutos sin hablar, sólo así, escuchando el silencio, su existencia, su preámbulo y su fin.
Y después la tormenta de ruidos, algunos nobles como la música dulce que enmarca estados de ánimo y provoca las lágrimas o las sonrisas necesarias; algunos agresivos y hostiles que parecen buscar quedarse eternamente.
Pero el silencio regresa, porque siempre hay alguien añorándolo, dispuesto a dedicarle por lo menos cinco minutos.